Aprender IA ahora: ignorarla puede costarte empleo, salario y oportunidades.

Aprender IA ahora ignorarla puede costarte empleo, salario y oportunidades

Tabla de Contenidos

La inteligencia artificial ya está cambiando la forma de trabajar y las competencias que necesitan las empresas. Para muchos profesionales, aprender a utilizarla se está convirtiendo en una cuestión de empleabilidad: puede influir en sus posibilidades de encontrar trabajo, promocionar y acceder a mejores condiciones salariales. Aplazar esa formación significa seguir acumulando experiencia con herramientas y métodos que quizá ya estén cambiando.

 

Las reflexiones del docente César Bona ofrecen un punto de partida para comprender este escenario. En El reto de ser humanos, el educador destaca la importancia de preservar la atención, la curiosidad, la creatividad, la comunicación y el pensamiento crítico en un mundo cada vez más condicionado por la tecnología. Su planteamiento invita a aprovechar las posibilidades de la IA mientras seguimos ejercitando nuestra autonomía y nuestra capacidad de decidir.

 

El profesor reconoce que la inteligencia artificial puede aliviar tareas rutinarias, facilitar la organización y enriquecer el aprendizaje. También advierte del riesgo de delegar continuamente procesos que necesitamos practicar para conservar nuestras habilidades. Trasladada al ámbito laboral, esta reflexión conduce a una exigencia concreta: aprender a trabajar con IA y mantener el criterio profesional para supervisar lo que produce.

 

La transformación ya está ocurriendo. La encuesta mundial de PwC sobre la fuerza laboral, recoge respuestas de casi 50.000 trabajadores de 48 países y regiones. El 64 % declara haber utilizado IA en su trabajo durante los últimos doce meses. Aunque ese porcentaje no representa específicamente a España, demuestra que su incorporación al entorno profesional tiene una dimensión considerable.

 

En una oficina, estas herramientas pueden ayudar a preparar borradores, comparar documentos, resumir informes o analizar datos. En marketing, pueden apoyar la elaboración de contenidos y propuestas comerciales. En recursos humanos, pueden facilitar la preparación de materiales de acogida o el análisis de encuestas internas. En un centro de formación, pueden contribuir al diseño de actividades y recursos didácticos. Su utilidad depende de que una persona competente revise y adapte los resultados.

 

Quien domina esas aplicaciones puede disponer de más tiempo para resolver incidencias, atender a clientes y mejorar procesos. Quien desconoce su funcionamiento puede encontrar dificultades cuando su empresa introduce nuevas herramientas o modifica las responsabilidades de su puesto. La experiencia conserva su valor, pero necesita actualizarse para responder a nuevas exigencias.

 

También está en juego el salario, se identifica una prima salarial asociada a competencias específicas en inteligencia artificial. Es un resultado internacional referido a perfiles y habilidades concretas; no significa que cualquier persona obtenga ese incremento por aprender a utilizar una aplicación. Sí constituye una señal de que el mercado está remunerando determinadas capacidades en IA.

 

De ese resultado puede extraerse una conclusión práctica: permanecer al margen puede limitar el acceso a puestos mejor remunerados y reducir las opciones de promoción. El perjuicio puede manifestarse como una oportunidad salarial que consigue otro candidato, una responsabilidad que se asigna a otra persona o un proyecto para el que se exige una competencia que todavía no se posee.

 

El riesgo de perder empleo también merece atención. Según el Foro Económico Mundial, el 41 % de los empleadores encuestados prevé reducir su plantilla cuando la IA permita automatizar determinadas tareas. Al mismo tiempo, el 77 % planea formar a sus trabajadores para responder a los cambios relacionados con esta tecnología. Son previsiones empresariales, no una certeza sobre el futuro de cada trabajador, pero muestran la importancia de prepararse para la transformación.

 

Para los departamentos de recursos humanos, formar a la plantilla en IA debería ocupar un lugar prioritario. Esa formación necesita partir de las tareas reales de cada puesto e incluir práctica, revisión de resultados y criterios de uso. En España, en el marco de la formación programada por las empresas, se debe organizar cursos que guarden relación con la actividad empresarial y responder a sus necesidades y a las de sus trabajadores. Dentro de ese marco puede planificarse formación en IA, cumpliendo los requisitos del sistema.

 

Aprender exige continuidad. Conviene identificar tareas en las que la IA pueda aportar valor, practicar con casos propios del trabajo y aprender a comprobar fuentes, verificar cifras y proteger la información de la empresa. Una respuesta convincente puede contener errores; reconocerlos y corregirlos forma parte de la competencia profesional.

 

Por eso, esperar al próximo año tiene un coste. Quien comienza hoy dispone de meses para practicar, equivocarse, mejorar y demostrar resultados. Quien lo pospone puede llegar a una entrevista o a una promoción cuando otros candidatos ya acreditan esa experiencia. Para esa oportunidad concreta, empezar entonces puede ser demasiado tarde.

 

La reflexión de César Bona invita a conservar las capacidades humanas que permiten aprender y decidir. Aplicarla al trabajo supone asumir una responsabilidad inmediata: desarrollar las competencias necesarias para utilizar la tecnología con autonomía. El empleo, el salario y la trayectoria profesional pueden verse afectados por esa decisión.

 

No lo dejes para el próximo año. Empieza a aprender inteligencia artificial ahora y aplícala a tu trabajo con criterio.