La conversación sobre inteligencia artificial en la empresa ha cambiado de nivel. Ya no hablamos solo de herramientas generativas que redactan textos o resumen documentos, sino de agentes de IA capaces de interpretar objetivos, consultar información, usar herramientas, acceder a datos y ejecutar tareas de varios pasos con cierta autonomía. En términos prácticos, un agente ya no es un simple chatbot: es una aplicación que razona sobre una petición, utiliza herramientas y toma decisiones sucesivas para completar una tarea. Esta evolución explica por qué la formación en IA está dejando de ser una materia “innovadora” para convertirse en una competencia organizativa básica.
En España, esta realidad encaja plenamente en la Formación Programada por las Empresas. La formación para el empleo como un instrumento para mejorar las competencias profesionales, la productividad y la competitividad de las empresas. Además, reconoce expresamente la formación programada por la empresa como una vía ágil y flexible para responder a necesidades reales y cambiantes. Desde la perspectiva empresarial, formar en agentes de IA ya no es una apuesta futurista. El INE ha confirmado que en el primer trimestre de 2025 el 22% de las empresas españolas de 10 o más empleados utilizaba inteligencia artificial, con mayor penetración en el sector servicios, donde el porcentaje alcanzaba el 26%. Paralelamente, Cedefop ha advertido en 2026 de que la demanda de competencias relacionadas con IA casi se ha duplicado en los últimos cinco años y que ya no afecta solo a perfiles TIC, sino también a puestos de administración, análisis, educación, gestión y creación de contenidos. Esto significa que la IA agéntica va a impactar directamente en departamentos como administración, RRHH, atención al cliente, marketing, operaciones, compliance o gestión documental.
El problema es que la capacidad de adopción tecnológica está avanzando más rápido que la capacitación interna. Un dato especialmente relevante publicado por el propio entorno de FUNDAE señala que en España el 49% de los trabajadores reconoce carencias en habilidades de IA, por encima de la media europea, y que un 62% cree que su empresa no le proporcionará la formación necesaria. Esta brecha es crítica, porque la implantación de agentes de IA no exige solo conocer una herramienta concreta, sino entender cómo supervisarla, cómo validar resultados, cómo integrar flujos de trabajo y cómo evitar errores, sesgos o usos inadecuados. Por ello, la empresa que no forme corre un doble riesgo: perder competitividad y aumentar su exposición organizativa.
A ello se suma un elemento decisivo. El artículo 4 del Reglamento europeo de IA (AI Act), obliga a proveedores y entidades que despliegan sistemas de IA a adoptar medidas para garantizar un nivel suficiente de alfabetización en IA entre su personal y entre quienes usan esos sistemas por su cuenta. La Comisión Europea ha aclarado, además, que esta obligación no impone un examen único ni un certificado estándar, pero sí exige una actuación real y proporcionada: comprensión general de qué es la IA y cómo funciona, conocimiento del papel de la organización, análisis del riesgo de los sistemas utilizados y formación adaptada al nivel técnico, experiencia, función y contexto de uso de cada colectivo. En consecuencia, la formación en agentes de IA deja de ser solo una ventaja operativa y pasa a ser también una medida de diligencia organizativa.
Por esta razón, la formación bonificada sobre agentes de IA debe diseñarse con un enfoque más serio que el habitual “curso de prompts”. Una empresa puede y debe plantear un itinerario útil, conectado con su actividad y con los puestos de trabajo reales. La Ley 30/2015 insiste precisamente en la anticipación a los cambios del modelo productivo y en la adaptación rápida de las competencias de los trabajadores; ese principio encaja de forma directa con la irrupción de sistemas que automatizan tareas administrativas, documentales, analíticas o de atención interna. En otras palabras, si la empresa ya está incorporando copilotos, asistentes documentales, automatizaciones con IA o agentes sobre CRM, ERP, correo, bases de conocimiento o atención al cliente, la formación ya no puede limitarse a una sensibilización superficial.
¿Qué contenidos debería incluir hoy una acción formativa de calidad sobre agentes de IA en el marco de FUNDAE?
En primer lugar, una base de alfabetización en IA: conceptos, límites, errores frecuentes, riesgos y supervisión humana. En segundo lugar, una parte de uso aplicado por puesto de trabajo, diferenciando perfiles de administración, RRHH, ventas, marketing, operaciones o dirección. En tercer lugar, un bloque de gobernanza, protección de datos, confidencialidad, trazabilidad y uso responsable, especialmente importante cuando el agente accede a documentación corporativa o toma parte en procesos críticos. Y, por último, una dimensión de automatización y rediseño de procesos, porque el verdadero valor de los agentes no está en responder preguntas, sino en ejecutar flujos, reducir tiempos, generar borradores, validar información, escalar incidencias o asistir decisiones con supervisión humana.
También conviene recordar una cuestión práctica que muchas empresas pasan por alto: bonificable no significa automáticamente gratuito al 100% en todos los casos. La bonificación depende del crédito disponible, de la correcta comunicación y ejecución de la formación y del cumplimiento de los requisitos exigidos. FUNDAE recuerda que para aplicar la bonificación la empresa debe estar al corriente con Hacienda y Seguridad Social, haber informado a la RLT cuando proceda y haber comunicado el inicio y la finalización de la formación; además, la aplicación de la bonificación se realiza a través del Sistema RED.
Desde una perspectiva de recursos humanos, los agentes de IA van a alterar la formación, y también el propio concepto de puesto de trabajo. La Comisión Europea ha constatado que más del 60% de los europeos valora positivamente la IA y los robots en el trabajo, que más del 70% cree que mejoran la productividad, pero que el 84% considera que requieren una gestión cuidadosa para proteger la privacidad y la transparencia. Esa combinación de oportunidad y cautela es exactamente la que debería trasladarse a los planes formativos de empresa: ni entusiasmo acrítico ni rechazo defensivo, sino capacitación útil, práctica y trazable.
Los agentes de IA representan una nueva fase de la digitalización empresarial. Su impacto no se limita a la tecnología: afecta a la organización del trabajo, a la productividad, a la toma de decisiones, a la trazabilidad y al cumplimiento normativo. En este contexto, la formación bonificada es una herramienta idónea para que las empresas españolas formen a sus plantillas con criterio, orden y financiación vinculada a su crédito disponible. La clave no está en impartir cursos genéricos sobre “usar la IA”, también en diseñar acciones formativas conectadas con procesos reales, y perfiles profesionales concretos. Ahí es donde los agentes de IA dejan de ser una moda y se convierten en una competencia estratégica para 2026.






